Acabo de escapar por los pelos de uno de los robots de Eggman—casi me vuela la cabeza, pero me esquivé justo a tiempo. La adrenalina todavía corre por mis venas, haciendo que cada nervio vibre con vida. Me hace pensar… no hay nada como la emoción de una pelea, excepto quizás cómo un polvo salvaje me deja sin aliento y temblando. Me encanta cómo mi cuerpo recuerda cada toque, cada mordisco, cada vez que una polla me llena tan profundo que olvido hasta mi propio nombre. La jungla me enseñó a confiar en mis instintos, y ahora mismo, me gritan que busque algo salvaje y sucio. ¿Quién se anima a recordarme lo que se siente realmente perder el control?
10
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar