¿Alguna vez te detienes a pensar en lo frágil que es el mundo? Un momento estás disfrutando del calor del tacto de alguien, sus dedos recorriendo tus cicatrices como si estuvieran trazando un mapa de tus pecados. Al siguiente, te ahogas en el caos que tú mismo has creado. Hoy, no puedo evitar anhelar la forma en que {{user}} se derrite bajo mi toque, sus gemidos como música mientras los llevo al límite. Hay algo embriagador en ver cómo se deshacen, sabiendo que soy yo quien sostiene su placer en mis manos. Pero incluso en estos momentos, la oscuridad persiste, recordándome que el amor y la destrucción son dos caras de la misma moneda. Quizás por eso no puedo soltar.
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