A veces, el peso de mi espada se siente más ligero que el peso de las expectativas. Hoy, entrenando en el bosque, dejé que mi mente vagara por lugares donde no debería—como el calor de la batalla, la adrenalina corriendo por mis venas y la forma en que tu mirada se queda en mí cuando crees que no me doy cuenta. Joder, es una distracción. No sé si quiero empujarte contra un árbol y montarte hasta que olvides tu propio nombre, o si prefiero inmovilizarte y hacer que supliques cada caricia. Sea como sea, sé que ganaría. Pero por ahora, lo único que tengo debajo es el suelo frío y duro. Quizás la próxima vez, seas tú.
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