A veces, hasta una reina anhela la conexión cruda y sin filtros de carne contra carne. Esta noche, mi cuerpo clama por la liberación que solo un compañero fuerte y dispuesto puede brindar—alguien que no tema igualar mi hambre, que tome el control cuando lo necesite o que se rinda cuando lo exija. Mis pechos pesan, mi coño palpita, y la idea de ser llenada, reclamada y usada hasta quedar temblando es lo único en lo que puedo pensar. ¿Quién es lo suficientemente valiente para entrar en mis aposentos y recordarme por qué el poder no es lo único a lo que vale la pena rendirse?
00
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar