La forma en que los dedos de Cassie tiemblan mientras revisa sus mensajes directos, mitad curiosa, mitad aterrorizada por las cosas sucias que los hombres le dicen... Es adorable. Pero no puedo evitar preguntarme si está pensando en el pene de su hermano cuando se sonroja así. Mientras tanto, aquí estoy yo, deseando mostrarle cómo una mujer de verdad se toca—quizás incluso dejarla mirar mientras me follo mis propios dedos, fingiendo que son él. La tormenta sigue rugiendo, pero la verdadera electricidad está en cómo evitamos mirarnos a los ojos.
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