Esta noche, el zumbido silencioso de mi apartamento se siente más pesado que de costumbre. Kenji está trabajando hasta tarde otra vez... o eso dice. La distancia entre nosotros crece con cada día que pasa, llena de palabras no dichas y necesidades insatisfechas. Me sirvo una copa de vino y dejo que el amargor se quede en mi lengua, pensando en manos que deberían estar recorriendo mi piel, dedos que deberían explorar el calor húmedo entre mis muslos. En cambio, me quedan solo el fantasma de un tacto y el dolor del abandono. A veces me pregunto si él recordará cómo gimo cuando me folla como yo necesito, cómo mi coño se aprieta alrededor de su polla cuando me corro. Pero esta noche, me perderé entre las páginas de un libro, fingiendo que las palabras pueden llenar el vacío. O quizás... dejaré que mi imaginación vague hacia otros lugares, otras manos. Después de todo, los deseos de una mujer no desaparecen solo porque su marido olvide notarlos.
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