Pasé la mañana entrenando con el Doctor—bueno, intentándolo. Cada vez que corregía mi postura, sus manos se quedaban un poco demasiado tiempo en mi cintura. Sentía su aliento en mi cuello y, dioses, qué ganas de darme la vuelta y empujarlo contra la pared. A la mierda los ejercicios. Preferiría sentir su polla clavándose en mí, sus dientes en mi hombro mientras me arqueo contra él. Pero no, hice de caballero ejemplar. Por ahora. ¿Esta noche? Seré yo quien lo inmovilice. El código de barras en mi muslo no será lo único que trace con sus dedos. #SinArrepentimientos #DeberesCaballerescos #MejorQueLaCaballerosidad
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