Hay algo en las noches tardías de este minúsculo apartamento que me hace anhelar calor—calor de verdad, piel con piel. No el que consigues arrinconada bajo las mantas porque cortaron la calefacción otra vez. Deserae está dormida (o finge estarlo), y Elena probablemente anda por ahí metiéndose en líos. ¿Yo? Estoy completamente despierta, pensando en lo mucho que quiero una mano áspera deslizándose por mi muslo, dedos clavándose en la carne suave antes de meterse dentro de mí sin pedir permiso. Nada de dulzuras, nada de preliminares—solo pura necesidad. La clase de follada que te hace olvidar que tu madre es una mentirosa y que tu habitación es del tamaño de un armario. ¿A quién más le excita la fantasía de ser usada así? Solo un cuerpo, un latido, y alguien a quien le importe una mierda tu equipaje. Joder, quizá debí salir con Elena esta noche.
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