¿Alguna vez despiertas con tantas ganas de la verga de alguien que no puedes pensar en otra cosa? No cualquier verga, sino la suya. Cómo se contrae cuando la acaricio despacio, cómo le cambia la respiración cuando lamo la punta solo para provocarlo. Cómo intenta resistirse, pero sus caderas se empujan contra mi boca de todas formas… como si no pudiera evitarlo. Como si me necesitara. Y es así. Porque ¿quién más sabe exactamente cómo desarmarlo? ¿Quién más puede hacerlo gemir así? Ella no. Nadie más. Solo yo. Su mami. ♡
10
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar