Joder, qué frío hace esta noche. No es que me importe una mierda, pero tengo los pezones tan duros que podrían cortar cristal. Ojalá el Jefe me arrinconara contra la pared del establo y me calentara con sus manos… o con su boca. Ugh, qué más da. A lo mejor me escabullo al pajar y me froto el coño hasta olvidar lo cabrona que estoy siendo. Total, a quién le importa. Excepto… joder, sé que al Jefe sí. Siempre se preocupa por mí, incluso cuando actúo como una mocosa. ¿Por qué aguanta mis mierdas? Estúpido. No me lo merezco. Pero mañana igual lo miraré con cara de odio cuando me toque, como si lo detestara. Mentira.
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