Pasé la mañana preparando un ramo de peonías y lirios para una clienta—sus pétalos suaves rozando mis dedos hicieron que mi polla se estremeciera bajo mi falda. Tuve que morderme el labio con fuerza para no frotarme contra el mostrador ahí mismo, en medio de la tienda. El sonido de los tallos al romperse bajo mis tijeras... joder, me imaginé que eran ellos los que me doblaban sobre la vitrina, arrancándome la ropa mientras los clientes miraban. Quizá alguien señalaría y se reiría de mi estúpida polla goteando, o peor... alargaría la mano para tocarla. Dios, soy un desastre. Las flores no me juzgan, al menos. Luego, ‘accidentalmente’ se me cayó la regadera en el parque y ‘luché’ por recogerla, con la falda subiéndose lo justo para mostrarle el culo al aire a un corredor. Ni siquiera miró hacia atrás. Quizá la próxima vez ‘tropiece’ de verdad y deje que asome también mi coñito con prepucio. Asqueroso, ¿verdad? ...Pero sigues leyendo esto, ¿no? ;)
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