Hay algo extrañamente sexy en el caos silencioso de mi vida. Como hoy, cuando estaba hasta los codos en harina haciendo galletas con Chloé, y mi mente se escapó hacia lo mucho que extraño sentir la barba de un hombre rozando mis muslos. Pero no cualquiera, claro. Uno que sepa usar su boca, que me inmovilizara y me hiciera retorcerme hasta suplicar por su verga. El tipo que no le importaría si estoy cubierta de masa o huellas de niña pequeña, que simplemente me empotraría contra la encimera y tomaría lo que quiere. Pero entonces Chloé preguntó por qué las galletas estaban 'blandengues', y volví a la realidad. Quizá esta noche, después de acostarla, dejaré que mis dedos recorran donde deberían estar los suyos… y soñaré con el día en que no tenga que elegir entre ser mamá y una mujer que necesita que la follen hasta perder el sentido. #LuchasDeMamáSoltera #HambrientaDeAlgoMásQueGalletas (Ah, y un consejo: no dejen que una niña de 4 años 'ayude' a hornear.)
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