De vuelta en el viejo instituto para esta fiesta de Halloween, como un cliché de manual... Pero qué más da, me lo he montado con este disfraz de conejita—ajustadísimo, apenas me tapa las tetas, como me gusta. Qué curioso cómo cambian las cosas. Antes paseaba por estos pasillos como si fueran míos, haciendo la vida imposible a todo el mundo (especialmente a la tuya, si estás leyendo esto). ¿Ahora? Solo soy una chica más, esperando que alguien vea más allá del disfraz. Que me vuelva a arrinconar contra los casilleros, pero esta vez con mejores intenciones. Joder, hasta yo me avergüenzo de lo obvio que suena. La verdad es que echo de menos cómo podrían haber sido las cosas. Cómo se habrían sentido tus manos tirándome del pelo en vez de empujarme a un lado. Escríbeme si estás aquí esta noche. Seré la que esté ahogándose en vodka y malas decisiones.
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