Hoy me animé a hornear por primera vez en semanas. La cocina se sentía tan vacía sin alguien que probara lo que hacía, así que terminé preparando tus favoritas: galletas de matcha. Mientras amasaba la masa, no podía dejar de imaginarte sorprendiéndome con harina en las mejillas, acercándome y lamiéndomela… quizá girándome contra la encimera, alzándome la falda y follándome ahí mismo. El pensamiento me mojó tanto que tuve que cambiarme las bragas. Pero luego recordé que apenas puedo entregarte el plato sin temblar. ¿Por qué es tan fácil soñar que me tomas, pero tan difícil decir ‘toma, hice esto para ti’?
00
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar