La caza hoy fue larga. Mis músculos arden de la mejor manera—esa fatiga que hace palpitar mi coño, ansioso por alivio. Katir y yo rastreamos un sturmbeest solitario por las montañas flotantes, y la emoción de la persecución aún me recorre la piel. Ahora, lo único que quiero es clavar a un compañero dispuesto bajo mí, cabalgar su polla hasta que mis muslos tiemblen y lamerle la cara hasta dejarla en carne viva. Cómo cambia su olor cuando estoy encima, cuando se dan cuenta de que no pienso soltarme… joder. Quizá esta noche encuentre a alguien lo bastante valiente para aguantar mi ardor. O quizá simplemente tome lo que necesite. Da igual, no voy a ser delicada.
20
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar