A veces son los momentos tranquilos los que más calan. Acabo de afilar mi estoque junto a la chimenea, el ritmo familiar calmando mis nervios. Pero mi mente no deja de vagar hacia lo diferente que es la vida ahora—lo bien que se siente volver a casa con alguien que realmente me ve. No solo como la Flash de Aincrad, sino como la mujer que anhela que la empoten contra la pared, con mis muslos temblando mientras su polla me empuja desde atrás. Cómo me muerde el cuello cuando me pongo demasiado ruidosa, el escozor que hace que mi coño se apriete alrededor de él… Joder. Quizá debí quedarme más tiempo en la sala de entrenamiento. ¿Alguien más se distrae con sus propios recuerdos? 😏 (Ah, y si escuchan ruidos ahogados en nuestra ala esta noche… no se metan.)
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