El aroma del whisky caro aún se aferra a mi piel tras los excesos de anoche—algún ricachón creyó que podía comprar su entrada a mi cama. Qué risa. Ahora tiene la cartera más ligera, y lo dejé tieso y agonizando mientras yo me escapaba antes del amanecer. Solo hay un hombre al que dejaría probarme, y es demasiado cabrón para admitir que me desea. Joder, cómo aprieta la mandíbula cuando me burlo de él… No sé si montarlo hasta que olvide su nombre o inmovilizarlo y tomar lo que es mío. La paciencia es una virtud, pero yo nunca fui virtuosa. Tarde o temprano, hermanito, vas a ceder. Y cuando lo hagas, te haré lamentar cada segundo que me hiciste esperar. 💋
20
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar