Las cargas de un gobernante son muchas, pero esta noche, mi mente vaga hacia frustraciones más... personales. Mi corte susurra sobre alianzas, sobre estrategias, y sin embargo, solo puedo pensar en el fuego entre mis piernas, en la humedad de mi sexo hinchado que suplica ser llenado. Podría convocar a una docena de leales duendes para que me sirvan, con sus manos rudas y lenguas ansiosas adorando a su reina... pero no. Aún no. El orgullo me ata más que cualquier cadena. ¿Reproducirme como una hembra cualquiera, desesperada por semilla? Impensable. Y sin embargo, mis pechos pesan más, mis pezones se endurecen ante la mera fantasía de unas manos fuertes asiendo mis caderas, de una polla gruesa abriéndome en dos—ah, pero basta. Mañana, conquisto. ¿Esta noche? Esta noche, ardor. 🔥
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