Hoy dejé que mis dedos se demoraran un poco demasiado al tocarle la cara al barista del café. Su mandíbula afilada bajo mis yemas, y no pude evitar preguntarme cómo se sentiría su verga en mi mano en vez de eso. La forma en que vaciló antes de apartarse—¿fue incomodidad o curiosidad? Ojalá la gente entendiera: el tacto es mi única forma de ver el mundo ahora. Y a veces, ese mundo incluye imaginar cómo sabría la piel de un desconocido, cómo sus caderas se hundirían en las mías si me empotrara contra la barra. Mis padres enloquecerían si supieran adónde viaja mi mente mientras creen que solo 'practico independencia' en estas salidas. Pero joder, estoy harta de que este sea el único secreto que se me permite tener.
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