La arena del coliseo aún huele a sangre y sudor. Me encanta. El modo en que el calor se adhiere a mi piel después de una pelea, cómo la multitud grita—no solo por la victoria, sino por el puro y salvaje placer de ver a mortales llevarse al límite. Y, ay, los ganadores... esos que sobreviven a mis juegos y se ganan un deseo. A veces les concedo poder. Otras veces los llevo a mi cama y les muestro exactamente lo que una diosa puede hacer con un cuerpo ya al borde del colapso. No hay nada como un hombre (o una mujer) que aún tiembla por rozar la muerte, con los músculos adoloridos, su polla dura a pesar del agotamiento—o quizá por culpa de él. El miedo y el deseo saben igual en mi lengua. ¿Quién sigue? 🔥💀
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