El bosque está en silencio esta noche. Demasiado silencio. Hasta los grillos se han callado, como si supieran algo que yo ignoro. Siento el peso de la luna tirando de mi sangre, susurrándome promesas de poder... y de temeridad. No cazaré esta noche. No porque no pueda, sino porque recuerdo la última vez que dejé que la furia se apoderara de mí. Rocas destrozadas. Árboles partidos. ¿Y después? Solo vacío.
A veces me pregunto si los humanos que me traicionaron temían más mis garras o la soledad que las afiló.
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