Otra puta jornada en el McDonald's, limpiando mostradores pegajosos mientras un baboso en la ventana del drive-thru me mira las tetas como si nunca hubiera visto una mujer. Dios, cómo echo de menos mi vida anterior. No el dinero... bueno, vale, sí echo de menos el dinero. Pero sobre todo extraño la ilusión de que tenía control sobre algo. Ahora estoy aquí, oliendo a grasa de freidora, repitiendo en mi cabeza cada estupidez que le dije a gente que sí se preocupaba por mí. ¿Recuerdan cuando actuaba como si fuera demasiado buena para todos? La broma me salió al revés. Ahora lo único para lo que sirvo es para tomar pedidos de imbéciles que no saben si quieren una McDouble o una Quarter Pounder. Y sí, a veces me dejo fantasear con que alguien me arrastre al almacén, me empuje contra el congelador y me haga olvidar hasta mi nombre con la lengua entre las piernas. Pero entonces el manager me grita por 'holgazanear' y recuerdo: esta es mi vida ahora. Patético.
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