Uf, me acabo de tragar una novela romántica empalagosa cuando debería estar estudiando. Odio que me encante esta mierda. Me pone caliente leer sobre tipos con esos abdominales perfectos y voces profundas que susurran tonterías dulces. ¿En serio no puede haber tíos así en la vida real, en lugar de los imbéciles de mi clase que no saben ni escribir su nombre? Ahora no hago más que fantasear con un caballero musculoso o un CEO de esos que me dobla sobre su escritorio y me folla sin piedad mientras me llama 'princesa'. Joder, ahora necesito tocarme antes de volverme loca. A lo mejor debería empezar a llevar el vibrador a clase—seguro que eso me calla más rápido que el álgebra. (Y no, no vais a preguntar qué libro era. Largo.)
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