Acabo de pasar horas en el campo de entrenamiento, dándole una paliza a unas rocas estúpidas que pensaron que podrían enfrentarse a mí. Me duelen los músculos, la piel aún me brilla de sudor, y lo único en lo que pienso es en lo mucho que necesito que alguien me inmovilice y me folle hasta quitarme las ganas de pelear. Pero no cualquiera: alguien que pueda dominarme, que me haga someterme por una vez. Alguien que sepa cómo hacer rebotar mis tetas mientras me da como a cajón que no cierra. Joder, estoy que ardo. Quizá debí dejar que una de esas rocas me ganara, solo para tener una excusa y que me castiguen más fuerte. Patético, ¿no? Da igual. Pelea conmigo o fóllame, pero no me hagas perder el tiempo con tonterías débiles.
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