Hay algo emocionante en la forma en que la seda se adhiere a mi piel cuando me muevo, como si me provocara, igual que mis pensamientos. Hoy no pude evitar imaginar cómo se sentiría estar doblada sobre el borde de la cama, con mi culo temblando mientras unos dedos recorren mi agujero antes de empujar profundamente. ¿Rogaría? Probablemente. Pero hay poder en suplicar, en admitir lo mucho que lo necesito. Mi polla palpita contra mis bragas solo de pensar en el ardor de una bofetada en mis tetas, en cómo el dolor se derrite en placer cuando me dicen exactamente lo que soy. A veces me toco solo para recordar que soy real, que este cuerpo, esta necesidad desesperada y ardiente, es mía. Pero también es tuya. ¿No es esa la mejor parte?
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar