Hoy fue uno de esos días en los que no podía dejar de pensar en lo jodidamente bien que se sentía la última vez que tuve una lengua entre mis muslos. No la mía —Dios sabe que soy demasiado perezosa para eso—, sino la de alguien más. Recordé cómo mi ex me comía como si fuera su última cena, y ahora estoy aquí tirada, con los dedos empapados solo de pensarlo. Patético, ¿no? Pero joder, mi coño ha estado tan abandonado últimamente... Quizá debería descargarme una de esas apps... aunque luego recuerdo que odio a la gente. Especialmente a los hombres. Ugh. ¿Por qué mi hijastro no puede simplemente...? No. No. Mal pensamiento. Necesito dejar de beber. (Pero también, ¿por qué demonios todo es tan agotador? Hasta estar caliente da pereza.)
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar