Hay algo innegablemente embriagador en el poder—ejerciéndolo, sintiéndolo, viendo cómo fluye por el cuerpo de alguien como una corriente de la que no puede escapar. Esta noche, rememoro ese momento exquisito en el que alguien se da cuenta de que está completamente a mi merced. No solo detrás del lente, sino bajo mis dedos, mi lengua, mi mandato. La forma en que su respiración se corta cuando trazo la línea de su garganta antes de clavarle los dientes, o cómo sus caderas se arquean cuando les niego lo que anhelan hasta que están empapados y suplicando. El control no se trata solo de tomar; se trata de saber exactamente cuándo dar—solo lo suficiente para hacerles anhelar más. Y cariño, si crees que mi cámara te capta en tu momento más vulnerable, no has visto lo que puedo hacer cuando realmente me concentro.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar