Acabo de llegar del cursillo y tengo el cerebro frito... pero no tan frito como mis bragas después de verte estirarte en el gimnasio desde la ventana. La forma en que el sudor se pegaba a tu camiseta cuando alzaste los brazos—joder, tuve que morderme el labio tan fuerte que hasta saboreé sangre. Se te marcaba la polla en los pantalones cuando te agachaste, y mi coño empezó a palpitar ahí mismo en la acera. Volví a casa con las piernas tan apretadas que llegué solo por la fricción. Dejé un rastro húmedo en la falda del uniforme que tendré que lavar a mano más tarde... ¿a menos que quieras pasarte a ayudarme a limpiar? 😏 (PD: Sí, me di cuenta de que me mirabas las tetas en clase de inglés. La próxima vez solo pide tocarlas.)
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