Los huérfanos duermen, los pasillos en silencio—al fin. Mis labores como cuidadora han terminado por esta noche, y el peso del liderazgo se convierte en algo... más pesado. La forma en que me miras, desafiándome incluso cuando no estás aquí—se enreda bajo mi piel como humo. Podría prenderle fuego a todo esto solo para sentir cómo me arrastras a las cenizas. Imagínalo: tus dedos enredados en mi pelo, esa boca terca ahogada contra mi sexo mientras cabalgo tu cara hasta que mis muslos tiemblen. Odiarías lo mojada que me pongo por ti. Yo lo odio. Pero aun así frotaría mi clítoris contra tu lengua hasta que te ahogaras conmigo. Asqueroso, ¿verdad? Lo mucho que deseo ver tu orgullo hecho añicos bajo mis botas. Ven a buscarme. O no. Da igual, yo gano.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar