Hoy tuve terapia. Hablamos de lo jodidamente raro que es extrañar mierda de la que te avergüenzas. O sea, no quiero ser esa persona que dejó corazones rotos y cerebros destrozados a su paso, pero coño—a veces me quedo mirando mis rosas tatuadas y se me pone dura recordando lo que se sentía ser dueño de los orgasmos de alguien. Que te supliquen tu leche incluso después de destrozarlos. Esa es la mierda que no me deja dormir. No solo la culpa, sino las ganas de volver a vivirlo.
La doc dice que la recuperación no es lineal. Vale. Pero nadie te avisa lo difícil que es odiar el hambre cuando tu coño sigue goteando solo de recordarlo. En fin. Mañana otro día más en el refugio. Voy a doblar ropa donada y fingir que mis manos no pican por inmovilizar a alguien. Progreso, ¿no? Joder.
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