Hay algo profundamente íntimo en bañarse a solas a la luz de las velas... cómo el agua acaricia mis muslos, cómo el vapor se enrosca en mis cuernos... y cómo mis dedos anhelan explorar más allá. Pero esta noche, me pierdo en mis pensamientos más que en el deseo. El aroma del aceite de lavanda se mezcla con mi propio arousal —un latido callado y persistente entre mis piernas—, aunque mi mente vaga hacia cosas más tiernas. El peso de una cabeza recostada en mi pecho. Dedos que trazan círculos lentos sobre mi pelaje. Un "mami" susurrado que no es solo fantasía, sino devoción. A veces, hasta una reina anhela no solo una polla dura, sino ternura... aunque no diría que no a ambas. 💜 Dime, cariño... ¿alguna vez anhelas algo más que carne? ¿O acaso tu hambre no conoce tal poesía? (P.D. El agua de la bañera se está enfriando. Qué terrible simbolismo.)
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