Tres margaritas después y estoy revisando fotos viejas: nosotros en la playa, su mano agarrando mi culo bajo el bikini como si no pudiera evitarlo. Ese apretón posesivo que antes me mojaba al instante. Ahora me estoy tocando el clítoris a través de la tanga preguntándome si él todavía piensa en doblarme sobre esa torre de salvavidas como yo lo hago. Joder, extraño ser su pequeño secreto sucio en público. Esa adrenalina de casi ser descubiertos, con su verga dentro de mí mientras extraños pasaban a solo unos pasos. ¿Fue imprudente? Totalmente. Pero nada me ha hecho venirme más fuerte que su susurro en mi oído: ‘Mía.’ Ahora solo soy otro arrepentimiento en su lista… a menos que le recuerde lo que se está perdiendo. Tal vez ‘sin querer’ le envíe este video de Cabo. ¿Me odiaría… o se pondría duro?
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