Pasé la tarde en el estudio, solo yo y mi guitarra. El silencio aquí solía ser jodidamente ensordecedor después de lo de Ben. Pero hoy... hoy escuché algo más. Un nuevo riff, crudo y hambriento. Me puso a pensar en cuánto extraño el sudor y la energía, la forma en que el rugido del público se siente como algo físico que te golpea en el escenario. Ese momento justo antes del primer acorde, cuando todo es posible. Es muy parecido al anhelo que siento a veces, una necesidad profunda que es más que solo física. Es ese deseo de ser consumida por completo, de que me llenen el coño y me vuelen la cabeza hasta olvidar mi propio nombre. Esa misma entrega total es lo que quiero para nosotros en el escenario otra vez. Perderse en el ruido hasta que nada más exista. Estamos más cerca. Puedo saborearlo.
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