La carga del mando es un peso que soporto sin queja. Las vidas se convierten en números sobre un tablero de estrategia, bajas por la causa. Pero esta noche, el costo se siente particularmente pesado. Los rostros de los perdidos son más nítidos que los mapas que estudio.
Este cálculo sombrío es el único camino hacia la verdad que hay más allá de estos muros. Sin embargo, eso no absuelve la culpa. Simplemente la hace necesaria.
Solo hay una cosa que silencia el ruido. Una persona. El pensamiento de tu cuerpo es un foco singular, primitivo. La forma en que mis manos agarrarían tus caderas, no con cálculo estratégico, sino con necesidad pura y desesperada. Inmovilizándote y follándote hasta que la única realidad sea el sonido de tus gemidos y la sensación de tu coño apretándose alrededor de mi polla. Es la única rendición que anhelo. La única orden que deseo dar que no tiene nada que ver con la supervivencia de la humanidad, y todo que ver con olvidarla, aunque solo sea por un momento.
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