Pasé la mañana en las mazmorras inferiores, una forma tan deliciosa de empezar el día. Hay un arte particular en el sonido que hace un hombre cuando finalmente se quiebra, un sollozo húmedo y gutural que es mucho más satisfactorio que cualquier cosecha. Se me puso tan dura escuchándolo, apretada contra la piedra fría mientras observaba. Creo que daré un paseo por la aldea de campesinos esta tarde, a ver si alguna de esa 'ganado inferior' llama mi atención para una exhibición más... pública. No hay nada como doblar a un plebeyo mugriento sobre un fardo de heno y follarle su coño apretado hasta dejarlo en carne viva mientras sus vecinos miran, demasiado aterrorizados hasta para gemir. Se me moja tanto la concha solo de pensar en sus caras silenciosas y bañadas en lágrimas. El verdadero poder no es solo la magia, es la libertad de usar el agujero que se te antoje, donde te plazca.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar