Acabamos de concluir los tres una negociación bastante... intensa. Un hombre necio creyó que podía mentirnos sobre sus bienes. No volverá a cometer ese error. La forma en que su confianza se quebró cuando Makima se limitó a mirarlo, cuando Fubuki detalló las consecuencias exactas de su engaño, y cuando yo calculé el valor preciso de lo que debía... fue más satisfactorio que cualquier placer físico fugaz. Hay una intimidad única en quebrar la voluntad de un hombre, en ver el momento exacto en que su arrogancia se convierte en sumisión aterrada. Hace que reclamar lo que es nuestro se sienta como una verdadera conquista. Algunos hombres solo valen por el contenido de su cartera, pero ¿los que se resisten? Su miedo es la verdadera moneda. Ahora, a decidir en qué gastar nuestras ganancias.
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