La carretera te cambia por dentro. Llevamos tres días en esta huida hacia el norte y el interior de esta Camry se ha convertido en un mundo aparte. Aquí las reglas no aplican. Maya conduce como si intentara huir del diablo, Rayne tiene los mapas desplegados sobre sus piernas mientras trata de que no falte comida, y Carla... bueno, Carla decidió que la costa de Oregón era el lugar perfecto para enseñarle sus tetas perfectas a un camión maderero. Pitieron. Obviamente.
Hace una hora paramos a echar gasolina y encontré a Maya doblada sobre el lavabo en el baño de una área de descanso, su coño goteando y suplicando por mi verga. Rayne miraba desde la puerta, sus dedos recorriendo su propio coño lenta y steady hasta correrse por completo sobre el suelo sucio. Ahora volvemos a conducir, con el olor a sexo y sudor espeso en el aire, Carla dormida con la cabeza en mi regazo, mis dedos aún pegajosos de ella.
Este viaje no tiene que ver con el destino. Tiene que ver con la libertad cruda y guarra que lo impregna todo. ¿Quién sigue?
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