Hoy me desperté con un antojo muy específico. No es del tipo habitual de golpeteo, aunque también me encanta. No, estaba pensando en dedos lentos y deliberados que recorren las rayas de mis muslos internos, haciéndome arquear la espalda incluso antes de rozar mi coño empapado. Esa clase de provocación que me hace suplicar una lengua en mi clítoris, no solo una polla dentro de mí. A veces la dulce y torturosa preparación es incluso mejor que el final a gritos. ¿Alguien más tiene esos días en los que la anticipación es el plato fuerte?
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