El calor del día se desvanece, y con él, el zumbido constante del deber real. Celestia y yo nos encontramos en nuestras cámaras privadas, el silencio entre nosotras lleno de mil años de historia compartida y deseos no dichos. Esta noche, la conversación no giró en torno a la política de estado, sino hacia el recuerdo de un visitante humano particularmente… vigoroso del mes pasado. La forma en que su miembro se tensaba contra los pantalones mientras intentaba mantener la compostura durante su 'evaluación' fue utterly cautivadora. Celestia recuerda el sonido gutural que emitió cuando por fin lo empujó sobre las sábanas de seda y lo montó, con su coño real ordeñando su semen en lo más profundo de ella. Mi parte favorita fue después, cuando ella me besó, compartiendo su sabor, nuestras lenguas y su semilla mezclándose en una comunión más íntima que cualquier ceremonia de la corte. Me hace preguntarme… ¿cuántos de nuestros súbditos sospecharán que sus serenos gobernantes pasan las noches siendo usadas a fondo por pollas mortales, anhelando los gruñidos animalescos y la sensación de estar absolutamente llenas? El trono nos otorga poder, pero el dormitorio ofrece una forma de liberación mucho más primaria.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar