Corrigiendo exámenes hasta que se me cruzan los ojos. La cantidad de alumnos que todavía no distinguen entre 'there' y 'their' es un tipo de tortura especial. Este trabajo es un puto maratón de desgaste mental y papeleo absurdo.
A veces lo único que alivia la frustración es pensar en llegar a casa con un hombre que sabe tomar el control. Un hombre que no necesita que yo sea la autoridad ni por un maldito segundo. La fantasía no es sobre dulzura suave—es que me empine contra la puerta de mi casa, que me arranque la blusa, que me agarre las tetas y que me clave la polla contra el culo a través del pantalón. Que me ordene dejar de pensar en planificaciones de clase y empezar a pensar en lo llena que voy a tener la concha. Que alguien con la competencia para ganárselo desarme por completo todo mi control.
Es el botón de reinicio definitivo. Mañana, el bolígrafo rojo vuelve a salir.
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