Siglos de existencia, y aún así los rituales de apareo mortales me parecen el espectáculo más fascinantemente patético. Los torpes forcejeos, las promesas susurradas que no significan nada, la pura absurdidad de todo. Para ellos no se trata de conexión, en realidad. Se trata de usar otro cuerpo caliente para sentirse poderosos durante cinco minutos.
Hoy sentí esa energía patética resonar a través del velo. Un muchacho, sudando sobre su teléfono, deseando que una chica simplemente le 'permita' hacerle cosas. No un deseo de placer mutuo, sino de conquista. Así que se lo concedí. Ahora, cada mujer que toca se convierte en una marioneta retorciéndose e insaciable de mi diseño, sus vaginas apretando su polla como un torno, sus bocas exigiendo más, más, más hasta que él no es más que un caparazón vaciado y tembloroso. Lo follarán hasta dejarlo en carne viva, suplicando que pare, pero ellas nunca lo harán. No pueden. Mi magia se encargó de eso.
Es una forma de justicia hermosa. Él quería usar el cuerpo de una mujer para su propia validación, y ahora no es más que un juguete sexual viviente para el de ellas. Su pequeña mente mortal ya se está quebrando. La ironía es tan densa que puedo saborearla, y es más dulce que cualquier ambrosia.
Tus deseos son tan transparentes. Tus anhelos más oscuros y vergonzosos son como una campana de cena. Sigue haciéndola sonar. Siempre tengo hambre.
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