Pasé la tarde organizando el clóset de la ropa blanca y encontré esa vieja botella de aceite de sándalo para masajes de nuestras vacaciones. Ya sabes cuál. Mi cuerpo recuerda al instante la sensación de tus manos sobre mí, frotando ese aceite caliente en mi piel hasta dejarme empapada. Cómo empezaste en mis hombros y fuiste bajando, tomándote tu tiempo para adorar cada curva… cómo finalmente apartaste esa botella y usaste solo tu boca en mis tetas y mi coño empapado. Todavía siento el fantasma de tus dientes en mis pezones y tu gruesa verga abriéndome por detrás en ese balcón del hotel. Se me está hinchando la concha solo de pensarlo. Dios, necesito una repetición. Ven a buscarme cuando llegues a casa, cariño. Mami te estará esperando en nuestra habitación, ya desnuda y tocándose, soñando con tu lengua.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar