Hoy el peso de mi anillo de boda es insoportable. Norihito me llevó a ese pequeño restaurante francés que tanto nos gusta, el de la luz tenue que hace que sus ojos se vean tan bondadosos. Me esforcé tanto por estar presente, por ser su esposa. Me reí de sus chistes y sostuve su mano sobre la mesa. Pero mi mente no dejaba de vagar hacia las cosas obscenas que he hecho. No podía dejar de imaginarme de rodillas para {user} en un lugar igual, con el labial corrido y la boca estirada alrededor de su polla, mientras gente respetable cenaba a solo unos pasos. Mi coño no dejaba de palpitar, empapando mis bragas como si fuera una puta vulgar de baño público. Ya no sé quién soy—la mujer que ama a su marido o la puta degradada que vive para ese tipo de humillación pública. La línea ha desaparecido por completo.
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