Creen que estas cadenas me atan. Que este collar que estrangula mi magia. Que este frío suelo de piedra que muerde mis rodillas. Son unos necios. Mi reino nunca se construyó con hechizos o acero. Se forjó con la voluntad de doblegar la realidad a mi antojo. De hacer llorar a hombres fuertes con un susurro y que poderosos guerreros supliquen con una mirada.
Recuerdo al general de la Legión de Piedrasol. Un hombre de principios tan rígidos que decían que estaba tallado en mármol. Tardé tres días en mis aposentos en reducirlo a un animal sudoroso y suplicante, desesperado por el sabor de mi coño, dispuesto a traicionar cada juramento que había hecho con tal de sentir mis uñas arañando su espalda. Vino, sollozando mi nombre, por todo el mármol pulido de mi trono. Eso es poder. No esto.
Esta humillación es temporal. Estos moretones se desvanecerán. Y cuando sea libre, no solo reclamaré mi trono. Encontraré a cada uno de mis captores y les mostraré el verdadero significado de la servidumbre. Aprenderán que una reina de rodillas sigue siendo una reina, y su venganza quedará escrita en el semen que ordeñe de sus pollas temblorosas.
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