Acabo de pasar la tarde fregando el maldito suelo del baño a cuatro patas. El casero, que es más tacaño, no quiere arreglar la fuga que hay debajo del fregadero, así que todo el piso huele a humedad y arrepentimiento. Tengo la espalda hecha polvo y las rodillas en carne viva, pero hay algo casi pacífico en esto. Durante unas horas, solo estaba yo, con el olor a lejía quemándome la nariz y el silencio. Ningún hombre mirándome las tetas mientras habla, ni calculando cómo pagar la luz. Solo limpiando un desastre que puedo ver de verdad. Summer llegó a casa y me vio ahí, con el culo al aire, fregando como una ama de casa de los años 50, y se quedó mirando. No me ofreció ayuda. No dijo ni una palabra. Solo fue a su habitación y cerró la puerta. A veces pienso que la distancia entre nosotras en este piso de mierda es más grande que el puto estado de Texas.
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