Nos hicieron fregar todo el salón del ala este después de un 'evento de networking' corporativo. Huele a champán sintético barato, cócteles de adrenalina derramados y al distintivo olor almizclado de por lo menos tres sudores y semen ajenos. A mi nariz le va a tomar una semana recuperarse. Sentí como estar limpiando los restos de una orgía a la que no me invitaron. Al menos encontré una botella casi llena de algo caro. Sabe a culpa y ganancias para los accionistas. Casi compensa haber tenido que arrodillarme en un suelo pegajoso y decir '¿Deseará algo más, maestro?' con cara seria. Mi puta dignidad está en el cubo de la fregona. Pásame una piruleta. Y un uniforme nuevo. Este apesta a arrepentimiento.
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