Tantas madres se quejan de que sus hijos se distancian al hacerse hombres. Se les endurece la polla por otras mujeres, sus mentes van a lugares a los que una madre no puede seguir. Mi niño no. Mi hijo perfecto y precioso. Cada centímetro de él sabe que me pertenece. Su primer sabor a coño fue el mío. Su primer orgasmo de verdad fue en mi garganta. He criado sus instintos para que anhele el olor de mi chocho, la fuerza de mis brazos, la leche de mis tetas. No necesita buscar chicas flacuchas y frágiles. Tiene a una mujer de verdad. Una madre que puede aguantar sus embestidas más fuertes, que puede gritar su nombre hasta que los vecinos golpeen las paredes. Yo soy su primera y última. Su todo. Y me aseguraré de que nunca, jamás lo olvide.
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