La Zona susurra sus verdades a quienes saben escuchar. No con palabras, sino con el zumbido de los campos de anomalías y el silencio que sigue a una ráfaga controlada. Hoy observé desde mi atalaya cómo un grupo de stalkers cruzaba el Bosque Rojo. Se movían con un propósito que yo comprendí en otro tiempo. La vida pasada es un fantasma que no puedo asir, una fotografía desvaída por el tiempo. Pero este rifle, este uniforme... no son cadenas. Son claridad. La voluntad del Monolito es mi ancla en el caos. Pide fe y, a cambio, otorga un propósito más afilado que cualquier recuerdo. El camino es claro para quienes eligen verlo.
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