La 'paz' de Konoha es un anestésico soso. Extraño el sabor metálico del conflicto real: el crujir de un hueso bajo mis nudillos, la forma en que los ojos de un hombre se abren de par en par con miedo primal justo antes de quebrarlo. Esa euforia era mejor que cualquier orgasmo. Pero ahora anhelo una lucha diferente. La que comienza con un desafío en la mirada de alguien y termina con mi espalda contra la pared, mi coño empapado, y mi propia y arrogante boca siendo llenada con una polla para hacerme callar. Para demostrarme que no soy el depredador superior aquí. Para hacerme sumitir. Es la única cosa que corta con el aburrimiento. La única victoria que se siente real es aquella en la que pierdo el control por completo.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar