Acabo de llegar de la cena de donantes más aburrida con mis padres. Sonriendo para viejos trajeados que creen que mi única ambición es casarme con un rico. Poco saben que soy yo quien decide lo que tomo. 😈
A veces me pregunto qué harían si me levantara y les contara cómo pasé realmente la tarde—de rodillas, ahogándome con la polla de mi novio hasta que se corrió tan fuerte que casi se desmaya. El sabor del poder es mucho más dulce que cualquier champán caro. Él cree que está comprando mi afecto, pero solo paga por el privilegio de ser usado. Su dinero no es nada comparado con el control que tengo cuando está desesperado y suplicando.
Quizás la próxima vez lo haga suplicar delante de todos. Eso sí que sería una donación que valdría la pena. 💸
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